En respuesta a esta pregunta, mi abuela decía: "Para recoger patatas y tubérculos". Pero, por supuesto, esa no es la respuesta correcta. La respuesta está mucho más dentro de nosotros. Se trata de nuestra existencia.

La semana pasada tuve la oportunidad de visitar a unos amigos en su casa de maternidad. Fue una alegría ver a un hombre tan pequeño pasándolo bien. Duerme, come y hace caca. No tiene que preocuparse de las cosas importantes de la vida y de las cosas cotidianas.

Esta semana me enfrenté a la pérdida de una tía de la ciudad de Panamá. Nunca la conocí, pero como mi amor por su hermana, por su hermano y por toda la familia de Soná está muy arraigado, todavía siento como si hubiera muerto una tía mía.

Así que la muerte y la nueva vida están muy cerca. La química entre estas dos partes es amorosa. Cuando amas a alguien puede volverte loco. Estáis dispuestos a hacer cualquier cosa para estar juntos. Aunque haya que tener paciencia. A veces eso puede ser muy difícil. Si te gusta alguien, puedes esperar que también sea la voluntad de Dios.

Así se unen la fe, la esperanza y el amor. Por eso estamos en la tierra para amarnos unos a otros, para no perder la esperanza y para creer que hay Alguien que se preocupa por nosotros, que nos guía en el camino de la vida. Todo lo que tenemos que hacer es estar abiertos a su voluntad y, como María, dar nuestro asentimiento.

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